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| LA VUELTA IBERICA EN ULTRAPESADO o la Vuelta Ibérica 2005 en Ultraligero, vista por los “pesados” (ojo, se admiten varias acepciones ) de turno. Iª PARTE
El sábado por la mañana a las 8:30, día de la concentración en Torremocha,
llegaba de Campo Patiño (a 160 km. al norte de Almonte) mi piloto y su máquina,
con ese ruido a Harley que dan los escapes independientes en un Rotax 912. Nos
esperaban unos kilómetros por delante, ya que la ruta era: Almonte-Brunete- Además del peso en vacío del avión, unos 250 k., le echamos 225 k. de humanidad entre Manuel y yo, otros 50 k. en combustible (más o menos) y 30 kilillos más entre tienda, sacos, gallumbos y otros trapitos. Total unos 550 k... lo que yo decía, un ultrapesado. Pues, contra pronóstico y con 30º en el termómetro, despegamos como si nada en la mitad de los 400 m. de pista que tenemos en Almonte (cosas de vivir casi al nivel del mar) y pusimos rumbo a Brunete, donde nos esperaban con más gasofa y agua fresca, lugar al que llegamos ya con media horita de retraso sobre el horario previsto, y con el centro de gravedad a tomar por culo al gastarse la gasofa del único depósito tras el motor. La cosa es que hubo que trimar “topalante” ya que la cola quería tomar por delante con semejante distribución de masas... avisados quedamos para el resto del viaje.
La comida, para
unas 1.000 personas, fue a base de arroz con carne y un gran vaso de cerveza (todo
un detalle con la caló apretando... y todo el pueblo allí, que eran las fiestas
y se inauguraba el local, y más calor de espanto con la aglomeración de gente
bajo un mismo techo, con lo que tras la comida y el merecido homenaje a Federico
la pregunta de todos, con los ojos inyectados en sangre, fue la misma: ¡¿Aónde
coj... está la piscina?! Pues nada, así Como el viaje había sido largo y cansado decidimos no inaugurar la tienda que compré el día anterior al efecto y nos “pedimos” hotel, con lo que Arturo nos cedió su coche para ir al que nos habían reservado a unos kilómetrillos de allí. Y entonces, oh sorpresa, cuando llegamos resulta que no hay habitaciones para todos y tenemos que empezar una odisea en busca de la cama perdida... La “ruta nocturna” termina en Teruel a las 3:30 de la madrugada. Menos mal que cabíamos todos en el coche, así pudimos llevar a los que llegaron antes llevados por algún conductor voluntario y no encontraron cama. Los de la “odisea”: Alejandro, Jairo, Jason, Manolo y un servidor nos levantamos a las 8:30 para llegar a Torremocha (a 50 km.) cuando ya todos iban saliendo... así que sin perder más tiempo nos calzamos el Zenair y salimos zumbando para Lumbier. Empezamos bien la jornada, somos casi los últimos en salir y tenemos un viento en cara de casi 50 km/h. Así que ponemos la frecuencia de la vuelta a ver que cuentan los que van por delante... y comienza la primera aventurilla aérea.
Después de dudarlo mucho, y hacer cábalas sobre si llegarán o no, deciden tomar en una base aérea (a poco menos de 20 km. del campo de destino, así de apurados iban) cerrada que solo se usa para hacer maniobras cerca de Zaragoza, así que Yago (desde el aire, que hace las labores de “avión escoba”) tiene que pedir permiso a Zaragoza, mientras Marcos Chuliá se echa en el autogiro una garrafa para llevársela al Xair desde Tudela y los demás nos vamos posando en Tudela para “acompañar”. Desde Tudela, una vez repostado el Xair y los pilotos, salimos el Xair y la “escolta”, con los dos autogiros por delante y Yago que tiene que llegar rapidito para seguir con la organización del día.
La escolta, que cerraba la etapa la formaban los siguientes cachondos:
el Mistral, Eliseo en su Z-701 y los del “ultrapesado” haciendo de escoba... y
haciendo también tropecientos 360 durante el trayecto para llevar a los demás
por delante. No estuvo mal, llegamos tarde a Lumbier pero nos tenían reservada
mesa y todo (buena gente estos Navarros)... así que comimos un guisito de papas
que no estuvo nada mal antes de practicar el deporte oficial de la vuelta: sobar
en la piscina. Nuevamente, por la noche, unos “platos combinados” y a dormir en
las tiendas al La mayoría salió temprano, huyendo de los meneos, y en una ruta algo desviada al sur subiendo hasta los 9.000 pies para salvar los peñascos más gordos que nos cogían por la ruta directa. Nosotros nos decidimos por todo lo contrario: para qué subir con las fotos tan buenas que se hacen volando entre valles. Así que tomamos un rumbo más bien directo y volamos a unos 500 pies AGL entre paredes de piedra y atravesando los valles. Un vuelo de escándalo, ya que un ligero viento nos ayudaba a subir por las laderas sin agobiar al motor, saltando de valle en valle, hasta que a la altura de Andorra las nubes nos dijeron basta. Un mar de nubes compactas, que parecía embalsado por una cordillera, nos obligó a elegir: o nos desviábamos al sur y buscábamos hueco entre la base de las nubes y el terreno siguiendo el vuelo bajo o las pasamos por arriba.
Como habíamos decidido no repostar en todo el viaje, y hacer lo primero
nos hubiera obligado a buscar un campo con combustible y otras molestias para
la organización, nos decidimos por subir a los 7.500 pies AMSL (el nivel de vuelo
inferior más adecuado teniendo en cuenta nuestro rumbo y dejando al menos los
1.000 pies de rigor entre la nube y nosotros) y volar directos a la costa sobre
un mar de nubes que solo nos dejaba ver algún picacho que asomaba recordándonos
lo que había debajo. No es que seamos unos descocados... aunque no veíamos el
suelo (salvo por los picachos), desde semejante altitud y en la ruta que nos quedaba,
sabíamos por donde pinchar en caso de problemas de motor, ya que los propios picachos
nos iban dejando muy claro por donde íbamos al La toma en L´Estartit... de precisión. Una pista corta, en hierba, delimitada por dos caminos y con maizales de más de dos metros en todo su contorno. Manolo hizo una toma algo rápida, pero a cambio clavó unos estupendos frenos de disco, con lo que dimos por terminada la “etapa reina”. Hubo luego tomas para todos los gustos, con desplome en corta final incluido debido al rebufo que generaban los maizales, pero todo el mundo conocía bien sus máquinas así que no hubo ningún incidente. Una vez en tierra misma rutina: amarrar el avión, comida y siesta, vuelta al hotel para cenar y ¿meterse en el saco y soportar los ronquidos?... No, otra vez no. Por una serie de circunstancias nos dieron las 12 o más en el bar del hotel de la cena, entre whiskies con gingerale, así que unos colegas nos llevaron de copas a un lugar un tanto “sicodélico” donde perdimos la cuenta de los mojitos que nos tomamos y terminamos siendo “expulsados” de madrugada ya que los camareros también duermen... que si, que duermen, de veras.
De nuevo
los “amantes de Teruel” (Jairo, Jason, Alejandro, Manuel y el que suscribe) volvíamos
a estar alojados en un modesto hotel de Vinarós... así que tras una monumental
siesta (con aire acondicionado y todo, un lujo) nos fuimos a buscar al resto para
la cena al paseo marítimo. Así que volvimos al campo, cenamos (mientras nos saludaban
los truenos de la tormenta que se acercaba), briefing (mientras nos lavaban los
aviones cortesía del Un viento de cara de 40-50 km/h nos mandó a la mierda los planes y llegamos apuradotes de combustible a Beas, donde no había absolutamente nadie. Bueno si, habían unos 6 ó 7 Airtractor, dos Bell 212 y un Superpuma echando agua y retardante al incendio de Cazorla, que casi estaba extinguido. Así que nos bajamos cámara en mano y, ¡aleluya!, uno de los pilotos de los Airtractor era un amigote de Manolo, así que nos tomamos la cerveza de rigor con él y lo embaucamos para que su mecánico nos acercara a la gasolinera más próxima, ya que no contestaba nadie a los teléfonos del aeroclub. Eran demasiadas papeletas para “jartarse de tierra” en vez de tomar tierra, que era lo que realmente queríamos después de un día tan completo y movido. Mi sacrificado socio del Avid, Manolo de los Santos (el expresidente del Aeroclub de Almonte), nos recogió de LEJU y nos llevó a por mi coche a Almonte, dejando el avión listo y repostado en LEJU para salir Manolo Cortés hacia Badajoz a primerísima hora de la mañana. IIª PARTE Así que se repartió el “orden del día”, que incluía una pequeña prueba titulada “La Ruta del Jamón” (que colgaremos en la web de Kike por si a alguno le apetece ponerse a prueba si un día visita Huelva) y tras dormir escasas 3 horas (porque Jairo, Jasón y el Pisha me liaron y me “obligaron” a llevarlos de copas aprovechando que tenía allí el coche) me volví volando bajo en mi Ford Sierra a Valdelamusa (hubiera sido mejor en un Tecnam con el mismo apellido y después de amanecer pero...), donde estoy a las 9 de la mañana para encender la emisora y dar los últimos toques con el personal colaborador. La tarde no estuvo mal, o al menos eso comentaron los que la disfrutaban, porque yo estuve más pendiente de los imprevistos que surgen en toda juerga que se precie que de divertirme... pero no me perdí a la bailarina del vientre danzando en el patio de armas del Castillo al anochecer, ni a mi guía del Castillo favorita y sus explicaciones, ni otros tantos temas que mantuvieron a los demás muy entretenidos. La
gente tuvo entrada libre al recinto de las jornadas, con cientos de puestos de
artesanías y esas cosas, animaciones y gentes vestidas de época, concursos de
tiro con arco, jaimas árabes para tomar el te, masajistas para los más cansados,
en fin... un pueblo en fiestas al estilo de la Edad Media. Para finalizar, durante
la Cena Medieval en la que nos juntamos 59 personas disfrazadas (el Alcalde y
algunos colaboradores de la juerga incluidos) hubo, además de papeo y bebida en
abundancia, la actuación del grupo de músicos de Tánger más Los gritos y el escándalo de la gente durante la cena fueron tremendos, supongo que por la diversión, la bailarina del vientre y la música celta que calienta el alma, porque caras de dolor no vi... y cuando había un momento de relativo silencio ya se encargaba Antoñito Luping de gritar al servicio: “¡Más cerveza!”... con lo que automáticamente tenía a unos cuantos “manceb@s” a su alrededor con nuevos vasos de zumo de cebada para su deleite. Finalizando el acto, la única mano inocente que había en la cena (la hija de Jairo, de solo 2 añitos, que había venido a recibir a su papá después de varios días sin verlo) deshizo el empate de la Ruta del Jamón, que había quedado entre la tripulación del P92, de Paco y señora, y la del Mistral, finalmente vencedores... y les entregó el jamón donado por LAZO (que era más grande que ella), una de las más prestigiosas industrias cárnicas de la Denominación de Origen “Jamón de Huelva”. Nos
despedimos del Alcalde, que nos invitó a asistir con más tiempo a las Jornadas
Medievales del próximo año, y pillamos autobuses y coches para dormir lo que pudiéramos
antes de la desbandada de la mañana siguiente en la que cada mochuelo partía hacia
su olivo. Algunos nos fuimos a dormir al mismo “pintoresco” barracón minero del
año pasado, a pocos kilómetros del campo y a las 7:00 ya estábamos de vuelta y
dando el primero de los 9 viajes de gasolina que hicieron falta para repostar
a todo el mundo. Como otras veces me quedé en el campo hasta Solo nos queda, por parte de los “desorganizadores” de la “escala técnica” de Valdelamusa (ya que oficialmente no fue la última etapa de la Vuelta Ibérica”), pedir disculpas por los fallos detectados, y también por los no detectados, y emplazaros para una próxima movida en unos meses, cuando del campo esté operativo de nuevo después de las obras de ampliación y mejora... y tengamos las bendiciones de la DGAC. No sabemos si preparar un finde de playa (aterrizando en ella, claro está) en la Costa de la Luz o algo parecido... se admiten sugerencias. Lo que sea merecerá la pena, seguro. P.D. La mayoría de la “afotos” de este articulillo no son mías, las he “pedido prestadas” de los distintos servidores donde los participantes han ido colgando las suyas... espero que nadie se moleste por ello, y si es así que me digan a cuantas cervezas tengo que invitar y apañaos J Así mismo, digan lo que digan las lenguas agradecidas, los méritos de lo bien que se lo pasó el personal en Valdelamusa no fueron míos, ya que mucha gente estaba detrás aunque no se dejó ver... sería injusto no agradecer al Ayuntamiento su inmensa colaboración (en la persona de Antonio, su Alcalde), a los técnicos municipales Prudencio y Rafael (saturados en esas fechas) su buen hacer, a la propiedad de la finca por cederla y “subvencionar” el festejo, a la gente que estuvo a pie de pista (liderada por Tito) por la panzada de trabajar que se dio desde días antes junto con Juan Carlos, Jose y algún otro nativo, a la gente de los aeroclubes cercanos (en particular de Almonte) por su colaboración y sus “medios técnicos”, a Protección Civil por las horas extra que tuvieron que hacer para cubrir nuestro evento... en fin, a tanta gente que no figura pero que ahí está en una movida de estas. Eso sí, si algo salió mal hay un responsable: yo mismo. Iré al infierno de cabeza con gusto en unos meses... en cuanto empiece el frío. Reportaje
por: Carmelo Garrido - Alias Karmelok |