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LA VUELTA IBERICA EN ULTRAPESADO

o la Vuelta Ibérica 2005 en Ultraligero, vista por los “pesados” (ojo, se admiten varias acepciones ) de turno.

Iª PARTE

  A falta de pan buenas son tortas, dicen en mi pueblo... así que, viendo que el Avid (convaleciente aún de la Fira de Igualada del 2004) no estaría operativo para esas fechas, me lo apliqué y me apunté a dar unos vuelos con el recién adquirido Zenair 601 de mi amigo Manuel Cortés, alias el Barón Rojo de Badajoz (lo recordareis por su biplano Fisher Classic rojo, ahora volando en tierras catalanas).

 El sábado por la mañana a las 8:30, día de la concentración en Torremocha, llegaba de Campo Patiño (a 160 km. al norte de Almonte) mi piloto y su máquina, con ese ruido a Harley que dan los escapes independientes en un Rotax 912. Nos esperaban unos kilómetros por delante, ya que la ruta era: Almonte-Brunete-Torremocha... y había que llegar antes de las 2, para comer y aplaudir a Federico Iborra en su homenaje. Cargamos el avión con mi equipaje, combustible a tope (60 litros, con los 7 que le robamos a Leopoldo para ponerlo hasta la embocadura) y mi oronda persona, con lo que pasamos a inaugurar una nueva categoría en este mundo del ultraligero: el ultrapesado.

 Además del peso en vacío del avión, unos 250 k., le echamos 225 k. de humanidad entre Manuel y yo, otros 50 k. en combustible (más o menos) y 30 kilillos más entre tienda, sacos, gallumbos y otros trapitos. Total unos 550 k... lo que yo decía, un ultrapesado. Pues, contra pronóstico y con 30º en el termómetro, despegamos como si nada en la mitad de los 400 m. de pista que tenemos en Almonte (cosas de vivir casi al nivel del mar) y pusimos rumbo a Brunete, donde nos esperaban con más gasofa y agua fresca, lugar al que llegamos ya con media horita de retraso sobre el horario previsto, y con el centro de gravedad a tomar por culo al gastarse la gasofa del único depósito tras el motor. La cosa es que hubo que trimar “topalante” ya que la cola quería tomar por delante con semejante distribución de masas... avisados quedamos para el resto del viaje.

 Una vez cargados de combustible de nuevo, bien meados y bebido el refresquito de ordenanza, nos fuimos hacia el sur para rodear Madrid por Griñón y alcanzar a Paquillo Delgado y otro compañero que acababan de salir de Casarrubios en otro Z-601 y un Moragón... si podíamos. No fue mal el viaje, a parte del calor, algún meneo y que Paco y compañía no dejaban un minuto de parlotear por la “correlativa” (¡qué “doló” de cabeza!), llegamos a las 2:30 a Torremocha... y pitando para el Pabellón Municipal, que ya han salido todos para la comida y homenaje a Federico. Solamente llegó por detrás de nosotros Alejandro y su CT2K de Medina Sidonia, que venía notificando su posición desde 90 km ¡y 9.000 pies!... si no avisamos de que ya llegaba se queda sin comer.

 La comida, para unas 1.000 personas, fue a base de arroz con carne y un gran vaso de cerveza (todo un detalle con la caló apretando... y todo el pueblo allí, que eran las fiestas y se inauguraba el local, y más calor de espanto con la aglomeración de gente bajo un mismo techo, con lo que tras la comida y el merecido homenaje a Federico la pregunta de todos, con los ojos inyectados en sangre, fue la misma: ¡¿Aónde coj... está la piscina?! Pues nada, así transcurrió toda la tarde: dormitando en el césped y metidos en la nevera... estooo, la piscina (que tenía el agua helada), hasta que nos tocó preparar aviones y esas cosas antes de cenar de nuevo en la explanada de la piscina.

 Como el viaje había sido largo y cansado decidimos no inaugurar la tienda que compré el día anterior al efecto y nos “pedimos” hotel, con lo que Arturo nos cedió su coche para ir al que nos habían reservado a unos kilómetrillos de allí. Y entonces, oh sorpresa, cuando llegamos resulta que no hay habitaciones para todos y tenemos que empezar una odisea en busca de la cama perdida... La “ruta nocturna” termina en Teruel a las 3:30 de la madrugada. Menos mal que cabíamos todos en el coche, así pudimos llevar a los que llegaron antes llevados por algún conductor voluntario y no encontraron cama. Los de la “odisea”: Alejandro, Jairo, Jason, Manolo y un servidor nos levantamos a las 8:30 para llegar a Torremocha (a 50 km.) cuando ya todos iban saliendo... así que sin perder más tiempo nos calzamos el Zenair y salimos zumbando para Lumbier. Empezamos bien la jornada, somos casi los últimos en salir y tenemos un viento en cara de casi 50 km/h. Así que ponemos la frecuencia de la vuelta a ver que cuentan los que van por delante... y comienza la primera aventurilla aérea.

 Javier Méndez, nuestro querido Hulk, va por delante con su socio, también Javier, en un Xair... llegaron de Galicia ayer, con dos cojones, para que luego digan que los ULM de tubo y tela no pueden hacer viajes largos. Pero el fuerte viento y su crucerito de auténtico ULM les permiten examinar cada detalle del paisaje, saludar a cada vecino, fotografiar cada campanario (incluso ligar con alguna moza, dicen las malas lenguas) y dudan si podrán llegar a Tudela, donde esperaban repostar.

  Después de dudarlo mucho, y hacer cábalas sobre si llegarán o no, deciden tomar en una base aérea (a poco menos de 20 km. del campo de destino, así de apurados iban) cerrada que solo se usa para hacer maniobras cerca de Zaragoza, así que Yago (desde el aire, que hace las labores de “avión escoba”) tiene que pedir permiso a Zaragoza, mientras Marcos Chuliá se echa en el autogiro una garrafa para llevársela al Xair desde Tudela y los demás nos vamos posando en Tudela para “acompañar”. Desde Tudela, una vez repostado el Xair y los pilotos, salimos el Xair y la “escolta”, con los dos autogiros por delante y Yago que tiene que llegar rapidito para seguir con la organización del día.

  La escolta, que cerraba la etapa la formaban los siguientes cachondos: el Mistral, Eliseo en su Z-701 y los del “ultrapesado” haciendo de escoba... y haciendo también tropecientos 360 durante el trayecto para llevar a los demás por delante. No estuvo mal, llegamos tarde a Lumbier pero nos tenían reservada mesa y todo (buena gente estos Navarros)... así que comimos un guisito de papas que no estuvo nada mal antes de practicar el deporte oficial de la vuelta: sobar en la piscina. Nuevamente, por la noche, unos “platos combinados” y a dormir en las tiendas al fresco... el que pueda, porque el concierto de “sopranos” no se hizo esperar, así que algunos tuvieron que ir a dormir a unos cientos de metros para no escuchar los bramidos, que no ronquidos, de aquellos pilotos con mejor capacidad pulmonar. Amaneció un día precioso y comenzó la que muchos consideraban la “etapa reina”: cruzar los Pirineos de Oeste a Este.

 La mayoría salió temprano, huyendo de los meneos, y en una ruta algo desviada al sur subiendo hasta los 9.000 pies para salvar los peñascos más gordos que nos cogían por la ruta directa. Nosotros nos decidimos por todo lo contrario: para qué subir con las fotos tan buenas que se hacen volando entre valles. Así que tomamos un rumbo más bien directo y volamos a unos 500 pies AGL entre paredes de piedra y atravesando los valles. Un vuelo de escándalo, ya que un ligero viento nos ayudaba a subir por las laderas sin agobiar al motor, saltando de valle en valle, hasta que a la altura de Andorra las nubes nos dijeron basta. Un mar de nubes compactas, que parecía embalsado por una cordillera, nos obligó a elegir: o nos desviábamos al sur y buscábamos hueco entre la base de las nubes y el terreno siguiendo el vuelo bajo o las pasamos por arriba.

 Como habíamos decidido no repostar en todo el viaje, y hacer lo primero nos hubiera obligado a buscar un campo con combustible y otras molestias para la organización, nos decidimos por subir a los 7.500 pies AMSL (el nivel de vuelo inferior más adecuado teniendo en cuenta nuestro rumbo y dejando al menos los 1.000 pies de rigor entre la nube y nosotros) y volar directos a la costa sobre un mar de nubes que solo nos dejaba ver algún picacho que asomaba recordándonos lo que había debajo. No es que seamos unos descocados... aunque no veíamos el suelo (salvo por los picachos), desde semejante altitud y en la ruta que nos quedaba, sabíamos por donde pinchar en caso de problemas de motor, ya que los propios picachos nos iban dejando muy claro por donde íbamos al localizarlos comparando con la carta... aunque no es recomendable hacer estas cosas muy a menudo, reconozcámoslo. Por la radio íbamos escuchando como los que llegaban al destino tenían que pinchar nubes para bajar (y de paso escuchando los niveles que cantaban de las bases de la nubes para asegurarnos de que, en caso de necesidad, tendríamos algo de visibilidad entre la base de la nube y el suelo), pero cuando nosotros llegamos ya se estaban fragmentando y bajamos sin mayor problema en un gran claro entre las Islas Medes y Ampuriabrava, para tomar en L`Estartit entre maizales.

 La toma en L´Estartit... de precisión. Una pista corta, en hierba, delimitada por dos caminos y con maizales de más de dos metros en todo su contorno. Manolo hizo una toma algo rápida, pero a cambio clavó unos estupendos frenos de disco, con lo que dimos por terminada la “etapa reina”. Hubo luego tomas para todos los gustos, con desplome en corta final incluido debido al rebufo que generaban los maizales, pero todo el mundo conocía bien sus máquinas así que no hubo ningún incidente. Una vez en tierra misma rutina: amarrar el avión, comida y siesta, vuelta al hotel para cenar y ¿meterse en el saco y soportar los ronquidos?... No, otra vez no. Por una serie de circunstancias nos dieron las 12 o más en el bar del hotel de la cena, entre whiskies con gingerale, así que unos colegas nos llevaron de copas a un lugar un tanto “sicodélico” donde perdimos la cuenta de los mojitos que nos tomamos y terminamos siendo “expulsados” de madrugada ya que los camareros también duermen... que si, que duermen, de veras.

 Llegamos de madrugada y ciertamente perjudicados al campamento, teniendo que expulsar a punta de cuchillo a una enorme araña que se había hecho fuerte en nuestro saco de dormir, y justo tras cerrar los ojos (o eso nos pareció) nos despertaron los motores de los más madrugadores que salían hacia Vinarós. En fin, a recoger y subir al ultrapesado con ese cuerpo que te deja una noche toledana. Vinarós. La ruta de hoy es compleja... el tiempo sigue algo revuelto y las nubes son bajas, hay que rodear el CTR de Reus, con los meneos que conlleva rodear por Montblanc con marinada... y yo con esta resaca. Así que bajamos por la costa hasta el lugar adecuado e hicimos escala en el campo del amigo Paco, repusimos líquidos (que el alcohol deshidrata mucho, doy fe) y salimos volando hacia el delta del Ebro. Una vez cruzado el Ebro, el tiempo “mejoró”... vamos que se fueron las nubes bajas y los meneos, pero a cambio empezó un calor de espanto y una humedad que ya, ya. Así que seguimos la costa de nuevo, recogimos algunas algas con las ruedas mientras pasamos bien rasante frente a las playas de Vinarós saludando al pueblo, como nos habían pedido ya que esperaban “ver los aviones de la Vuelta”, y aterrizamos felizmente en el campo de destino, donde nos esperaban con un calor de mil demonios cervezas, vino y ¡otra! estupenda paella, aunque ya algunos empezaban a aborrecer el arroz, ya que casualmente había sido el plato principal en todos los menús desde el inicio de la Vuelta. Como el cuerpo hay que cuidarlo y había muchas piedras en el campo, decidimos buscar una blanda cama mientras los demás se daban unos chapotones en la playa.

 De nuevo los “amantes de Teruel” (Jairo, Jason, Alejandro, Manuel y el que suscribe) volvíamos a estar alojados en un modesto hotel de Vinarós... así que tras una monumental siesta (con aire acondicionado y todo, un lujo) nos fuimos a buscar al resto para la cena al paseo marítimo. Así que volvimos al campo, cenamos (mientras nos saludaban los truenos de la tormenta que se acercaba), briefing (mientras nos lavaban los aviones cortesía del aguacero que durante unos minutos cayó) y volvimos al hotel para descansar, que el día siguiente sería duro... dejaríamos La Vuelta y volaríamos directos a Almonte: Manuel porque tenía trabajo en Badajoz al día siguiente y yo porque tenía que ultimar los detalles de la escala en Valdelamusa tras las etapas portuguesas. Por la mañana, y tras despegar de Vinarós, nos juntamos muchos en Castellón a eso de las 10:00, todos buscando lo mismo: ¡gasolina!, como la canción de moda. Así que repostamos, nos despedimos por unos días de los que por allá estaban, y nos pusimos en rumbo a Beas de Segura, punto en el que pensábamos repostar, para llegar a Almonte para comer... y una m.

 Un viento de cara de 40-50 km/h nos mandó a la mierda los planes y llegamos apuradotes de combustible a Beas, donde no había absolutamente nadie. Bueno si, habían unos 6 ó 7 Airtractor, dos Bell 212 y un Superpuma echando agua y retardante al incendio de Cazorla, que casi estaba extinguido. Así que nos bajamos cámara en mano y, ¡aleluya!, uno de los pilotos de los Airtractor era un amigote de Manolo, así que nos tomamos la cerveza de rigor con él y lo embaucamos para que su mecánico nos acercara a la gasolinera más próxima, ya que no contestaba nadie a los teléfonos del aeroclub.

 Perdimos allí buena parte de la tarde, viendo como aterrizaban y despegaban cada pocos minutos, recargando agua y retardante. Una gozada, y más cuando te preguntaban los pilotos forestales que en qué habíamos venido, veían el tamaño del Zenair... y lo comparaban con el de los tripulantes... y ellos que piensan que vuelan sobrecargados. ¡Que caras de poker, chatos! J Finalmente se les acabó el retardante, o los políticos se hicieron las fotos (que por allá andaban en otro helicóptero dejándose ver), una de dos, y dejaron de volar... así que nos despedimos de Roberto y le dimos el beso de rigor a Sonia (la única piloto forestal que vuela Airtractor) y que este año está en el retén de Niebla (Huelva) antes de salir para Almonte. Pero no terminó la historia ahí, no... de nuevo había vientos de 40-50 km/h, así que tuvimos que volar a lo autogiro (raspando el suelo) y con un meneo de cojones para poder avanzar algo, llegando a Sevilla bastante tarde, cortos de combustible y con vientos en San Pablo (LEZL) de 20 knots con rachas de 25, según decían en la frecuencia de TWR... con lo que nos olvidamos de aterrizar en Almonte, donde el viento estaría totalmente cruzado, además de volver a tener el centro de gravedad en el quinto pino... y nos fuimos, decididos a terminar bien el día, a La Juliana (LEJU).

 Eran demasiadas papeletas para “jartarse de tierra” en vez de tomar tierra, que era lo que realmente queríamos después de un día tan completo y movido. Mi sacrificado socio del Avid, Manolo de los Santos (el expresidente del Aeroclub de Almonte), nos recogió de LEJU y nos llevó a por mi coche a Almonte, dejando el avión listo y repostado en LEJU para salir Manolo Cortés hacia Badajoz a primerísima hora de la mañana.

IIª PARTE

 Así transcurrieron otros dos días de trabajo intenso preparando cosas para el final de La Vuelta en Valdelamusa, mientras los demás se lo pasaban pipa en Ontur y los campos de Portugal (que los portugueses son tipos muy espléndidos y organizan estas cosas de p.m.) y el sábado por la tarde me meto en mi coche y “volando bajo por la A-49” me planto en Lagos, para el briefing tras la cena antes de que la tropa volviera a España. “Problemas burocráticos” hacen que la organización, después de deliberar mientras los pilotos de los Kiebitz ponían un video espectacular de su vuelo por la costa portuguesa, dé por oficialmente concluida La Vuelta en Lagos, dando como opción a los participantes visitar Valdelamusa bajo su propia responsabilidad, ya que la pista (de 1.000 x 40 metros y que va a ser ampliada y asfaltada en breve) aún no está autorizada por la DGAC como aeródromo, aunque lleva siendo base para los aviones de incendios (Dromader, Grumman y Airtractor) casi 15 años... y aunque cuenta con la autorización municipal y del propietario para el evento.  Pero ciertamente, la bendita DGAC no dio su beneplácito y la organización no quería tener ningún potencial problema con tan simpáticos funcionarios.

  Así que se repartió el “orden del día”, que incluía una pequeña prueba titulada “La Ruta del Jamón” (que colgaremos en la web de Kike por si a alguno le apetece ponerse a prueba si un día visita Huelva) y tras dormir escasas 3 horas (porque Jairo, Jasón y el Pisha me liaron y me “obligaron” a llevarlos de copas aprovechando que tenía allí el coche) me volví volando bajo en mi Ford Sierra a Valdelamusa (hubiera sido mejor en un Tecnam con el mismo apellido y después de amanecer pero...), donde estoy a las 9 de la mañana para encender la emisora y dar los últimos toques con el personal colaborador.

 Los que llegaron volando desde Lagos, tuvieron dos opciones, ir por la trocha o siguiendo la Ruta del Jamón, que consistía en volar una ruta determinada identificando lugares, fotografiándolos y sumando así puntos para llevarse el premio: un jamón de “pata negra”. Los primeros voladores llegaron temprano, mezclados con los amigos de otros campos que se acercaron a echar el día con nosotros, llegando los últimos casi por los pelos para coger los autobuses que nos llevarían a Cortegana, donde estaban culminando las XIV Jornadas Medievales. Así que después de una merendola a la parrilla en el pinar de Valdelamusa, en la que estuvieron casi 100 personas, un ratito de autobús y un bañito en la piscina de Cortegana para refrescar los calores (que no hay que olvidar que estabamos en el agosto de Huelva), nos fuimos a “culturizarnos” al Castillo de Cortegana donde habían una serie de visitas programadas, unas guías muy simpáticas (y guapas) y una Cena Medieval esperándonos.

 La tarde no estuvo mal, o al menos eso comentaron los que la disfrutaban, porque yo estuve más pendiente de los imprevistos que surgen en toda juerga que se precie que de divertirme... pero no me perdí a la bailarina del vientre danzando en el patio de armas del Castillo al anochecer, ni a mi guía del Castillo favorita y sus explicaciones, ni otros tantos temas que mantuvieron a los demás muy entretenidos.

 La gente tuvo entrada libre al recinto de las jornadas, con cientos de puestos de artesanías y esas cosas, animaciones y gentes vestidas de época, concursos de tiro con arco, jaimas árabes para tomar el te, masajistas para los más cansados, en fin... un pueblo en fiestas al estilo de la Edad Media. Para finalizar, durante la Cena Medieval en la que nos juntamos 59 personas disfrazadas (el Alcalde y algunos colaboradores de la juerga incluidos) hubo, además de papeo y bebida en abundancia, la actuación del grupo de músicos de Tánger más curioso que he visto nunca (muy famosos en su tierra pero casi un grupo humorístico para los gustos peninsulares) que fue sustancialmente mejorado por la actuación en privado que nos hizo, otra vez, la bailarina del vientre (grabada por los pilotos de los Kiebitz en primerísimo plano mientras levantaba “pasiones” entre los demás pilotillos) y por la movida actuación de un grupo de gaiteros gallegos y su música celta.

  Los gritos y el escándalo de la gente durante la cena fueron tremendos, supongo que por la diversión, la bailarina del vientre y la música celta que calienta el alma, porque caras de dolor no vi... y cuando había un momento de relativo silencio ya se encargaba Antoñito Luping de gritar al servicio: “¡Más cerveza!”... con lo que automáticamente tenía a unos cuantos “manceb@s” a su alrededor con nuevos vasos de zumo de cebada para su deleite.

 Finalizando el acto, la única mano inocente que había en la cena (la hija de Jairo, de solo 2 añitos, que había venido a recibir a su papá después de varios días sin verlo) deshizo el empate de la Ruta del Jamón, que había quedado entre la tripulación del P92, de Paco y señora, y la del Mistral, finalmente vencedores... y les entregó el jamón donado por LAZO (que era más grande que ella), una de las más prestigiosas industrias cárnicas de la Denominación de Origen “Jamón de Huelva”.

 Nos despedimos del Alcalde, que nos invitó a asistir con más tiempo a las Jornadas Medievales del próximo año, y pillamos autobuses y coches para dormir lo que pudiéramos antes de la desbandada de la mañana siguiente en la que cada mochuelo partía hacia su olivo. Algunos nos fuimos a dormir al mismo “pintoresco” barracón minero del año pasado, a pocos kilómetros del campo y a las 7:00 ya estábamos de vuelta y dando el primero de los 9 viajes de gasolina que hicieron falta para repostar a todo el mundo. Como otras veces me quedé en el campo hasta asegurarme de que todos salían sin problemas y plenos de combustible a sus campos de origen y, una vez recobrado el silencio en Valdelamusa, nos dimos cuenta de lo reventados que estábamos los de la organización con semejante movida, así que nos hicimos los últimos kilometrillos a duras penas hasta nuestras duchas y camas en casa... y a descansar, en mi caso 24 horas de cama.

 Solo nos queda, por parte de los “desorganizadores” de la “escala técnica” de Valdelamusa (ya que oficialmente no fue la última etapa de la Vuelta Ibérica”), pedir disculpas por los fallos detectados, y también por los no detectados, y emplazaros para una próxima movida en unos meses, cuando del campo esté operativo de nuevo después de las obras de ampliación y mejora... y tengamos las bendiciones de la DGAC.

 No sabemos si preparar un finde de playa (aterrizando en ella, claro está) en la Costa de la Luz o algo parecido... se admiten sugerencias. Lo que sea merecerá la pena, seguro.

P.D. La mayoría de la “afotos” de este articulillo no son mías, las he “pedido prestadas” de los distintos servidores donde los participantes han ido colgando las suyas... espero que nadie se moleste por ello, y si es así que me digan a cuantas cervezas tengo que invitar y apañaos J Así mismo, digan lo que digan las lenguas agradecidas, los méritos de lo bien que se lo pasó el personal en Valdelamusa no fueron míos, ya que mucha gente estaba detrás aunque no se dejó ver... sería injusto no agradecer al Ayuntamiento su inmensa colaboración (en la persona de Antonio, su Alcalde), a los técnicos municipales Prudencio y Rafael (saturados en esas fechas) su buen hacer, a la propiedad de la finca por cederla y “subvencionar” el festejo, a la gente que estuvo a pie de pista (liderada por Tito) por la panzada de trabajar que se dio desde días antes junto con Juan Carlos, Jose y algún otro nativo, a la gente de los aeroclubes cercanos (en particular de Almonte) por su colaboración y sus “medios técnicos”, a Protección Civil por las horas extra que tuvieron que hacer para cubrir nuestro evento... en fin, a tanta gente que no figura pero que ahí está en una movida de estas. Eso sí, si algo salió mal hay un responsable: yo mismo. Iré al infierno de cabeza con gusto en unos meses... en cuanto empiece el frío.

     Reportaje por: Carmelo Garrido - Alias Karmelok


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