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Il volo dei 'Tonino

 Estas cosas suelen empezar por casualidad y sin buscarlas... estábamos un par de aviones y cuatro pilotillos un día de primavera del 2006 dando unos vuelos por este cuadrante suroeste que tanto nos deja volar y nos da por aterrizar en Villamartín para comer. En medio de la comida (puntillitas, pescaito, pimientos asados y esas cosas de la tierra) me dice Jacob:

- Igual me sale bien un tema, pillo un poco de pasta y me compro un avión en Italia... lo malo es que no sé como traerlo, y volando no me atrevo.

  Manolo Cortes, mi compañero de vuelos en "El Ultrapesado" le confirma que ni se le ocurra traerlo por carretera, que su 601 (El Ultrapesado) vino así y, entre pitos y flautas, le costó un pastón y varias cicatrices en el avión. Así que mientras apuro la cervecita le digo sin mirar:

- Pos, pisha, si me avisas con tiempo yo me busco el hueco y te lo traigo... eso sí, camas, pizzas y birras son de tu cuenta.

  Así que Jacob me cogió la palabra y, un mes después o así me dice:

- El viernes nos vemos en Roma-Fiumicino que ya tengo los billetes de Vueling y un avión visto.

  ¡Ahí vá, y yo con estos pelos! Pos nada, me hice el petate y aproveché para pillar un A-310 en Sevilla... el mismo día que me presentaba al último examen de la asignatura que me quedaba del PPL. Salí del examen a las 12:45 y despegaba a las 13:30. Las cosas no podían ir más milimetradas.

  En la terminal de Fiumicino nos encontramos a eso de las siete y nos fuimos a pasar la noche en Roma, "la ciudad eterna"... aunque deberían llamarla "la ciudad de los guiris", porque el idioma oficial en las calles es el inglés. Jacob con la guía italiano-español no atinaba con ningún italiano para que nos orientaran sobre dónde cenar sin que nos clavaran así que, al final, nos fuimos orientando haciendo preguntas a los guiris (que son el 99% de la población romana) con mi inglés gibraltareño.

  Tras varias peripecias nocturnas que no vienen al caso (no son tema aeronáutico y Kike riñe) a las 8 en punto de la mañana estaba Toni (el "papá" de "Il Tonino") recogiéndonos para acercarnos a Artena, el campo donde dormía el avión.

  Y así llegamos al sur de Roma, unos 80 km. al sur, a un campo espectacular (la tónica general en Italia) muy cuidado, de hierba fresquita y bien cortada... eso espectacular.

  Desempolvamos el avión, y digo bien porque Toni (que es un militar retirado que prácticamente no vuela por un motivo curioso) y su socio no lo han tocado desde que apalabraron la venta un mes antes con Jacob. Son gente muy formal. El avión, a parte del polvo, se ve que está muy cuidado.

  Il Tonino (que queda bautizado así en honor a su "papá") es un P-92 E, con 10 años y un motor Limbach de 80 CV. Muy bien mantenido y con poquísimas horas de vuelo... y un precio. Una ganga, doy fe.

  Me toca hacer de "experto" así que me pongo a darle vueltas con cara de saber mucho, mirar todo lo mirable con una ceja levantada, lo sacamos fuera, revisamos todo lo revisable y decidimos que vamos a probarlo. Así que me subo con Toni y con una mezcla de Italianglish nos vamos entendiendo. La prueba es un éxito... vuela de p.m. así que no hay más que hablar: a firmar papeles tocan.

  Mientras Toni, su socio y Jacob firman un contratillo y se pasan varios billetes "Ben Laden" por el importe de la venta, yo voy revisando y preparando el avión para la vuelta, que pensábamos hacer esa misma tarde para salir temprano a cruzar los Alpes al día siguiente. Tiene mucho que aprender nuestra administración de la italiana: los trámites de la transferencia se hacen en 24 horas, pa qué más, así que mañana saldremos de Italia con el avión a nombre de Jacob.

  Iba todo tan bien que algo tenía que fallar... ¿que iba a ser? Pos la meteo, nos ha jodio.

  Unas borrascas que andan dando por saco en el Canal de la Mancha empiezan a sentirse en el norte de Italia y, antes de salir, al consultar la meteo nos dicen que no podremos pasar los Apeninos esta tarde, así que dormiremos en casa de Toni para salir a las 5:30 de la mañana al día siguiente.

  Bueno, no hay mal que por bien no venga. En su casa podemos pintar las cartas nuevecitas que me llegaron por mensajería una hora antes de salir de casa (verídico), gozar de una auténtica cena italiana hecha por Orietta, la "sargenta" de Ton y una verdadera mamma italiana... y dar fe de la razón de la venta del "Tonino": Toni canta.

  Toni es de Nápoles, y como buen napolitano, es un cantante en potencia... así que se dedica desde que dejó el ejército a cantar. Pero volar le da afonía y ha tenido que elegir entre sus dos pasiones: se queda con el canto. Nos deleitó con algunas canciones antes de la cena en su estudio del sótano. Un tipo excepcional, tan güena gente que parece andalú.

 Así que a las 5:30 de la mañana, que ya hay luz, despegamos rumbo norte hacia los Andes. La mañana es brumosa, los vientos variables y muy racheados, cizalladuras incluidas (que le pregunten al "nuevo papá" del "Tonino"), y el vuelo se antoja movido para el gusto de Jacob. Vamos pasando por los campos que nos hemos señalado repostando con frecuencia a nuestro crucerito de 140 km/h... nada que ver con el crucerazo de Pacotre y su Bambino. A nosotros se nos antoja que tendremos que dormir una noche a mitad de camino y, a la vista de la meteo, donde nos pille porque con tan mal cielo ya empezamos a hacer zig-zag evitando tormentas, vientos, etc...

  Finalmente damos por concluida la primera jornada a medio día en Pianfei, punto desde el que vamos a saltar los Alpes... pero será mañana porque está totalmente cerrado. Mientras esperamos al dueño del campo, que nuestro "equipo de apoyo" (Manolo y Walter) desde España nos va localizando, nos comemos la pizza que compramos para estos menesteres de esperar en un campo cerca de nada.

  Casi al anochecer llega nuestro anfitrión, que viene de una feria aeronáutica (que rodeamos en nuestra ruta ya que tenía un NOTAM publicado, era el aeropuerto de Voguera) y nos lleva al hotel. Cena, dormida y tres horas esperando que nos recoja para ir al campo: se le había olvidado recogernos. Cosas de las resacas.

  Cuando llegamos al campo nos damos cuenta de que el día está igual o peor que ayer para pasar los Alpes (cubierto y neblinoso), así que empezamos a pensar en alternativas, ya que las borrascas del Canal de la Mancha se ven ya bailando por La France camino del Mediterraneo. En 24 horas la cosa se pondrá para no volar en 3 ó 4 días rumbo a España, así que algo hay que decidir.

  Tenemos la suerte de que un chico del sur de Francia está dando clases en la escuela de Pianfei, y nos hace el favor de llamar a su casa en Niza para que nos den "el parte meteorológico" de primera mano. La cosa es que nuestro "equipo de apoyo" nos desaconseja la ruta del Mediterraneo, bordeando los Alpes por el mar. Mucho viento y mala visibilidad pronostican... pero en Niza, solo nos hablan de viento.  Mucho viento.

  Bueno, como dijo un nativo "alea iacta est". Decidimos tirar hacia el mar, costear e intentar llegar al Valle del Ródano por esa ruta. De manera que casi a mediodía, con muy poca visibilidad y el día empeorando, despegamos acompañados por el avión de escuela de Pianfei que se ofrece a escoltarnos hasta la costa.

  El día está muy feo, casi sin techo y muy brumoso, y la orografía es prealpina, muy desagradable volar en estas condiciones... tanto que a punto de llegar a la costa le digo a Jacob que nos volvemos, el avión de Pianfei se volvió hace rato... pero en el último momento, mientras me pego a una ladera buscando espacio para virar 180º, Jacob ve luz. Eso solo quiere decir una cosa: allí está la costa. Así que raspando los pinos salimos al mar.

  La costa está muy limpia comparada con lo que acabamos de pasar, pero el viento es de cojones. Además en esta zona que rodea Génova viene de varias direcciones y es muy turbulento. Nada, a apretarse el cinturón. Pasamos Montecarlo y toda la zona VIP, unas veces por algún paso junto al mar pero sobre tierra... otras sobre el mar bordeando acantilados.

  Finalmente cantamos la Marsellesa y nos vamos metiendo en tierra en busca del Ródano. Tenemos previsto repostar en Vinon, un campo de veleros que este año fue sede del campeonato de Europa, pero tenemos 40-50 km/h de viento en cara, con lo que iremos justitos (Il Tonino solo tiene 3,5 horas de autonomía, cifra prudente pero que me marqué como referencia de navegación). Finalmente, con unos 15 litros de combustible en el depósito, llegamos a Vinon.

  Son casi las 4 de la tarde, no nos quieren dar combustible... un gabacho muy feo nos dice que hay una gasolinera a 7 km. (gracias, pisha, espero verte en Huelva para mandarte a Portugal a por gasofa, brrrr). El tipo se va, que el muy currante ya ha fichao la salida, y nos quedamos con cara de tonto. Pero se nos aparece un "ángel".

  El "ángel" tiene forma de chica francesa, bastante maciza por cierto y ¡habla español! (Jacob tira la guía español-gabacho dentro del avión)... nos dice que ella tiene la llave del surtidor y que no nos preocupemos por el gilip... de antes, que ella nos pone. Y tanto que nos pone :-P

 En fin, repostamos, revisamos la meteo (sigue muy movida, la muy...) gracias a nuestro particular "ángel" que nos cede su ordenador para asomarnos a MeteoFrance. Recalculamos la ruta con estos últimos datos y, tras dar mil gracias a nuestro "ángel"... y un par de besos... salimos decididos a gritar ¡viva el Fari! ese día y no pedir más gasolina a precio de oro en gabacholandia.

  El tiempo es de perros... vientos de 50 km/h y muy racheados, una visibilidad de mierda, lluvia, tormentas... y para alegrar el día, la carta con más restricciones que he tenido en mis manos. Que si zonas militares, que si pasillos aéreos, unas centralitas nucleares por aquí, otras cosillas por allá... vaya mierda de "paseo".

  Todo se podría haber solucionado subiendo, pero las nubes nos hacen volar en una línea muy quebrada evitando las restricciones y a 500 AGL... no hay techo pa más.

  La cosa es que salimos a la costa ya cerca de España, con la tarde cayendo y, ¡ole los buenos cálculos!, evitando los vientos más fuertes de proa y con un viento de 50 km/h de cola por el resto del viaje, unos 150 km. Como decían en el Equipo A: Me encanta que los planes salgan bien.

  Tenemos España delante, volamos casi de lado por la componente de viento cruzado que nos afecta, pero sus buenos 40 km/h están en cola... y hasta una ráfaga de 90 km/h que nos saluda al entrar en espacio aéreo español... pa mi que fue una colleja que nos dieron los de la Benemérita en el puesto de la frontera al entrar.

  Sustitos a parte, por los rebufos que semejante viento producía al acercarnos a Ampuriabrava, aterrizamos felizmente y muy atentos no fuera a haber paracas, cortitos de combustible (para variar), repostamos, foto de ordenanza, amarramos el avión (que la Tramontana es muy puñetera) y me tomé las cervezas que mejor me han sabido en mi vida. Estaba destrozado, había sido un vuelo muy estresante y movido, pero aquí estamos... y el "Tonino" con nosotros.

  Tras un sueño reparador, propiciado por las muchas cervezas que nos tomamos, despegamos a la mañana siguiente con calma... traíamos los frenos rotos y el avión no frenaba nada, así que pensamos en parar en Igualada y apañarlos. Sin prisas, el avión se queda en Huesca, para ser precisos en Gurrea de Gállego.

  No hubo suerte con los frenos en Igualada, así que salimos para Huesca y con viento de 40 km/h en cara, para variar, y llegamos para comer al campo. No hacían falta los frenos... y si la ayuda de los presentes para que no nos llevara el viento. "Il Tonino arriva a casa", pitanza y cervezas para celebrarlo.

  Al día siguiente me fui a casa, pero en el AVE desde Huesca... y sesteando todo el camino hasta Sevilla, viejo que está uno pa estos trotes. Pero como dicen en mi pueblo: sarna con gusto no pica.

     

     Reportaje por: Carmelo Garrido - Alias Karmelok


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