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| BOMBARDEO REPUBLICANO AL AERÓDROMO DE LA CENIA
La orden era salir al mar al sur de Valencia, tomar altura (unos 6.500 metros) y entrar perpendicular a la costa en el punto más cercano al aeródromo y ya cerca reducir motores y picar hasta 5.000 metros, calculándolo todo bien, a mucha velocidad debido al picado y al poco ruido de los motores a baja potencia creíamos que los cogeríamos por sorpresa, pero no fue así. La primera parte del servicio se hizo bien pero se calculo mal la distancia que podríamos recorrer en el descenso hasta la altura de bombardeo prevista y habíamos bajado demasiado cuando todavía faltaban bastantes Kms. para llegar al objetivo. Esto motivo que llegáramos a mayor velocidad de la prevista y haciendo mucho ruido ya que en lugar de descender tuvimos que ascender en los últimos momentos. Mi puesto era de punto derecho de la escuadrilla o sea que todos los virajes me tocaban por fuera, inconveniente que superaba gracias a que mi avión era más rápido que los otros. En este servicio el jefe de escuadrilla era el segundo, de nombre Anselmo Sepúlveda (piloto del 1º curso de Rusia) porque el jefe titular se puso enfermo por la noche. Antes de llegar al objetivo uno o dos aviones se separaron de la formación, uno de ellos mi jefe de patrulla Juan Badía (Valenciano) hizo una maniobra rápida justamente al entrar por la costa, consistió en un picado muy fuerte, supuse que debido a la altura, mas de 6.000 metros sin ninguna instalación de oxigeno o bien por la deficiente alimentación ya que habíamos salido todavía oscuro y el desayuno consistió solamente en un café, más agua que otra cosa, se debió marear. Nunca más supe de ellos. Al punto izquierdo de mi patrulla, Miguel Baile, con el que seguía sin jefe y con esfuerzos a la 1ª le dio de lleno un antiaéreo e hizo explosión, vi la llamarada a pocos metros y quedo atrás (acabada la guerra me dijeron que el observador se había salvado cuando bajando en el interior de su cabina separada del resto del avión, había abierto el paracaídas que lo saco al aire de entre la chatarra). Yo me pegue mientras pude a los tres aviones de la primera patrulla. Un trozo de metralla de los antiaéreos toco algún conducto de aceite del motor de mi avión y el aceite al quemarse en contacto con los tubos de escape producía una humareda blanca. Los Me-109 nos siguieron
hasta adentrarnos en nuestras líneas, durante un tiempo que me pareció larguisimo,
recuerdo que íbamos a todo gas, creo que rompí el mando de gases de tanto apretarlo,
yo iba incrustado en el Aquel día fue para mí el peor de toda la guerra por la tarde fui al dormitorio (creo que era Tarazona en La Mancha) de todos los que ocupábamos aquella habitación había quedado yo solo. Habitualmente todos los días al oscurecer nos reuníamos un pequeño grupo, Baile; piloto que después de hacer el curso en Alicante siempre estuvo junto a mi, su observador un chico castellano del que no recuerdo el nombre, muy simpático y romántico, bastante instruido, Salvador Minguell piloto novel, creo que era de Ripoll, Badia y algún otro que no recuerdo. Aquella tarde no hubo bar ni partida, me quede yo solo en la habitación tirado sobre la cama y creo que llore no sé sí de rabia o de dolor. Después de aquel servicio a las tripulaciones que volvimos nos pidieron nuestra opinión en un informe, yo lo hice al igual que los demás. Supongo que a consecuencia de el me nombraron a mi segundo de la escuadrilla con Manuel Ferrer como jefe.......
De las memorias de FRANCESC CABRE
ROFES Piloto de la Aviación Republicana | ||||